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miércoles, 27 de junio de 2018

De pasión, amor y barrio




Había clamado por guerra sin darse cuenta que las almas en pena deshojan los árboles del otoño en la búsqueda del verdadero amor. No había entendido siquiera que la culpa barata de su caro precio a la equivocación, se había transformado en un sufrimiento contemporáneo que no sabía de pasados ni siquiera para aquellos seres que quizás alguna vez pudo amar.
Era definitivamente cierto que en el barrio de Mataderos había existido un mito que pocos conocían. Algunos incluso se atrevían a pensar que en lo extenso del día, alimentado por un ego en crecimiento, Juan Manuel Abascal erguía su alma, se golpeaba el pecho y salía corriendo como el viento.
Cuentan sus adversarios más allegados que cuando las calles eran de adoquín y la llovizna bañaba sus juveniles cabelleras, la pelota resbalaba tan rápida como el viento. Pero también aseguran estos testigos privilegiados de tal función, que Abascal planeaba detrás de ella. Como un avioncito de papel. “La tenía atada bajo el agua. La tenía incorporada en el frío, y si venía un viento fuerte… tampoco se la podían sacar… Eso era magia” dijo un vecino de la calle Cafayate.
Si no fuera Mataderos un barrio real, diría este autor que la historia no es verídica. Que simplemente se trata de una de esas leyendas urbanas que se escriben con tintas de mentira y el asombro de la imaginación. Sin embargo, es justo aclararlo para la continuidad de estas palabras, Abascal existió. Y es imprescindible decir, a riesgo de quedar como un mentiroso, que yo lo padecí y que yo lo vi jugar.
Y si me remonto en el tiempo y pienso, creo incluso recordar su voz. Retumbaba en el eco de la vieja cancha del Tránsito de San José, que aunque queda en Liniers, muchos criollos de Mataderos se lo apropiaron para siempre.
Y ahí deleitaba Abascal, gambeta tras gambeta, desbordando por la punta derecha. A veces tirando centros y otras tantas dejando mal parado hasta al arquero contrario. Pero siempre la pelota llegaba a la red.
Cuenta esa Historia oral que se trasladó de vecino en vecino y de generación en generación que poco a poco la gente se fue convocando, vitoreando en su boca el sabor del apellido Abascal. Y posteriormente nadie supo bajo qué condiciones fue, pero de repente, ese equipito por el que nadie daba una moneda y que a gatas tenía camisetas, había llegado a la final inter barrial.
Dos semanas separaban a Juan Manuel Abascal de la gran final. Y en Mataderos incluso llegó a pintarse una pared con su nombre, más nadie recuerda cual fue. Pero la final valía la pena. Enfrente no estaba cualquier rival. Estaban los de siempre. Los de la contra. Los bien vestidos del barrio ferroviario que no tenían más intenciones que llevarse el trofeo mayor: la dignidad.
Se reconoce a ese estado digno como el momento culmine en el tiempo, en donde el que triunfa se lleva los pergaminos del heroísmo, se transforma en el rumor constante y se guarda para sí la pelota del partido. Y eso se jugaban ambos equipos.
Pero la final se tardó demasiado. Porque en ese lapso de tiempo Abascal cambió su mirada futbolística por una morocha que lo hizo enloquecer.
Dice el mismo testigo que escribe estas líneas, que la morocha era tan poderosa como la gambeta de Abascal. Y el pobre se enamoró.

Pero no fue que se enamoró de su pelo lacio que caía suave por los hombros. Ni de su piel de algodón, ni de su cuerpo moldeado. Para nada. Abascal se enamoró de una ilusión. De aquellas cosas que ni en lo más profundo de su alma se hubiera imaginado.
La persiguió por los callejones de Mataderos que se volvían laberintos infinitos y complicados de salir. La soñó en las noches como si nunca antes hubiera creído soñar. Y se dedicó a admirarla, quizás como el peor error de su vida, como solía mirar a la pelota. Con un cariño que estremecía la tierra.
Y así, aquel que alguna vez me deleitó con sus bicicletas, que me tiró más caños que ninguno y que me hizo ver el fútbol de otra manera, se dedicó a fracasar.
Abascal dejó de frecuentar los entrenamientos para visitar a la morocha en la casa de sus padres. No ató más a la pelota en sus pies, porque ahora caminaba con otra. Cambió sus sueños por lo que algunos llaman el amor y otros entienden como la traición.
El día de la gran final fue la última vez que lo vi. Juan Manuel Abascal se puso los botines con el partido ya empezado. Había llegado tarde y los de Mataderos ya perdían uno a cero. Entró por el gringo y, aunque parecía atontado por la morocha, Abascal concretó sus últimos dos goles oficiales como paladín del barrio de Mataderos.
No se quedó ni a recibir el trofeo de la dignidad. Prefirió caminar por las calles grises y, atormentado por haber dejado sola a la morocha en lo que duró el partido, volvió a sus brazos, supongo yo, para nunca más soltarla.
Solo así el mito se hizo grande. Y a pesar de que nunca pude encontrar la única pared pintada con su nombre, estoy seguro que algún día saldrá a la luz. Sin embargo, me pregunto inconscientemente qué es eso que tiene el amor, que a algunos les hace perder la cabeza y a otros matar por él. Me pregunto incluso por qué Abascal se fue con ese amor reciente y se arraigó tanto a la morocha, que vaya uno a saber de dónde habrá salido… Aunque pensándolo bien, recordándolo al alejarse en la bruma de esa tarde noche, creo que es muy factible que Juan Manuel Abascal haya sentido el miedo de fracasar y que ya nada volviera a ser igual.  



sábado, 2 de junio de 2018

Nadie sabe qué es el todo, pero todos sabemos qué es la nada. Por Luciano Colantuono Instituto San José Obrero.


Hoy quiero compartirles este texto que surgió de una pregunta de un alumno, Luciano Colantuono de segundo año del colegio San José. "Profe... ¿Qué es la nada?" me preguntó... Y yo le dije "La nada es el principio del todo. Pensalo y mañana me decís".
Al otro día, no solamente que lo había pensado, sino que además lo había redactado. Y así, con su permiso, lo comparto con todos ustedes. Me parece que vale la pena leerlo.


“La nada es el comienzo del todo” (Favieri).
Luciano: La nada es un comienzo el cual no tuvo tiempo de llegada. Pero no del todo, sino tendríamos que tener en cuenta el destino o la casualidad. Con esto que dijiste se rompe esa “nada” y sucede un comienzo… Y para decir “el comienzo del todo” tendríamos que pensar en que fue el suceso que originó el cambio.
A base de esa mirada no sabemos cuál fue el detonante, pero sí sabemos que empezó con un destino ya que el todo es algo imaginario o una definición a lo desconocido.
Pero si los humanos actuamos por actos propios, el destino se rompe desde la primera decisión, cambiando consecuencias que pueden dar efecto al momento o a miles de años dependiendo su gravedad, originando variedades de destinos sin un eje central o de casualidades producidas por una razón desconocida.
Y si te pones a pensar (ya que no hay un límite), la nada existe y el todo no. Solamente somos una porción de lo desconocido, y que todo lo pensado es convencional y lo descubierto no es más que una trampa del “detonante” que “comenzó” con ese destino mal planeado el cual ya fue roto por acciones ajenas a este destino las cuales no controlo.
Esta es una más de mis conclusiones erróneas, pero que a la mirada humana tiene sentido porque nadie sabe la verdad, más que la verdad que queremos pensar correcta. 

Luciano Colantuano. Segundo año B. Instituto San José Obrero.




miércoles, 2 de mayo de 2018

La crisis de las instituciones


Jueves, 22 de febrero de 2018
Desde hace varios años en las encuestas, las instituciones del país vienen bajando sus niveles de favorabilidad. Se salvan como siempre: el ejército, la iglesia y en algo la Policía.
Durante gobiernos anteriores instituciones como: la Procuraduría o la Fiscalía gozaron de cierto prestigio, otras tradicionales como el Congreso y la Presidencia, siempre tuvieron mala imagen, a excepción de Álvaro Uribe. Sin embargo, no se conocía en décadas una imagen tan negativa en casi todas las instituciones del Estado; pasando por las altas cortes, los ministerios y hasta el mismo Sena; así surge la pregunta: ¿cómo se llegó a semejante situación?
La respuesta no es fácil pues la causalidad habría que estudiarla a fondo, pero se puede decir que tiene correlación con: la corrupción, la falta de gestión y sobre todo la parcialidad o politización de algunas de ellas.
Como hace mucho no pasaba, se destaparon bastantes escándalos de corrupción pasando por el favorecimiento de grandes contratos estatales a particulares que no cumplían, el más sonado de ellos: Odebrecht, en donde se vieron salpicados distintas partes del gobierno y hasta dos ministras; se descubrió el cartel de la toga y todavía se investigan contratos irregulares por parte de la fiscalía anterior. Y lo peor, sin vergüenza alguna dentro del gobierno se habla abiertamente de la mermelada y las cuotas burocráticas.
La falta de gestión es evidente ante nuestros índices que crecen lentamente, pero otros como el de la exportación de coca están disparados, la economía que venía siendo manejada de manera juiciosa incluso en los peores gobiernos, se vio afectada con una reforma tributaria y con un crecimiento en el cupo de endeudamiento. La Cancillería tampoco goza de grandes afectos a pesar de la gran inversión en nuevos consulados y embajadas. Tal vez, porque para tener una posición internacional se necesita sonreír pero también firmeza.
Pero de todos tal vez el campo más preocupante es el de la politización de las instituciones. En los corredores se habla de nombramientos por el pago de favores políticos, causa reciente de la protesta en varios consulados. De fallos judiciales con carga ideológica y de persecuciones orquestadas por ellas; para algunos resulta al menos suspicaz que la anterior Fiscalía pasara por alto varios delitos pero que investigara con ahínco los de la oposición, resultó curioso que candidatos abiertamente de izquierda terminaran apoyando la reelección del actual presidente y después acabaran de ministros; y resulta curioso también que a dos semanas de elecciones resulten tantas nuevas investigaciones en contra de los grupos contrarios al gobierno.
La crisis y la falta de credibilidad en las instituciones es peligrosa; da vida a nuevos caudillos populistas y hace decrecer la inversión extranjera. Recuperarlas y darles credibilidad debe ser tema principal de los próximos gobiernos, si no, su descrédito terminará por acabar los cimientos de la actual democracia.

miércoles, 25 de abril de 2018

Trabajo y desempleo


23/09/2008 - 00:00
Indemnizan a una mujer que fue despedida durante el período de prueba porque estaba embarazada
Un fallo de la Cámara Laboral determinó que las razones de su despido tenían "directa relación" con su estado y consideró que se trató de "un acto discriminatorio". Los jueces argumentaron que, pese a que la mujer se encontraba a prueba, debía conservar la garantía de "estabilidad por maternidad".
Una mujer que trabajaba para una agencia de turismo y que se encontraba en el período de prueba fue echada cuando sus empleadores se enteraron que estaba embarazada. Ahora, un fallo de la Justicia condenó a la empresa a indemnizarla por considerar que el despido "tuvo directa relación" con su futura maternidad y determinó que se trató de "un acto discriminatorio". La Sala Séptima de la Cámara Laboral, con las firmas de los jueces Estela Ferreirós y Néstor Rodríguez Brunengo, falló a favor de la mujer, quien había comenzado a trabajar como recepcionista de una empresa de viajes el 1 de diciembre de 2006. El 15 de enero de 2007 la mujer le comunicó a su empleador que estaba embarazada de seis semanas. Cuatro días más tarde, fue despedida. La empresa argumentó que podía terminar la relación laboral porque la joven se encontraba en período de prueba. Sin embargo, el fallo de la Cámara rechazó este argumento. "Es claro que hubo una contemporaneidad entre la comunicación de la trabajadora de su estado de gravidez al dador de trabajo y el inmediato despido dispuesto, por lo que cabe inferir sin más que la ruptura dispuesta tuvo directa vinculación con la comunicación del embarazo, lo que conlleva a ver en ello un acto discriminatorio", dijeron los camaristas. En este sentido, los jueces recordaron que según la Ley de Contrato de Trabajo "se presume, salvo prueba en contrario, que el despido de la mujer trabajadora obedece a razones de maternidad o embarazo cuando fuese dispuesto dentro del plazo de siete y medio meses anteriores o posteriores a la fecha del parto, siempre y cuando la mujer haya cumplido con su obligación de notificar y acreditar en forma el hecho del embarazo, así como, en su caso, el del nacimiento". Los camaristas se preguntaron si "durante el período de prueba la mujer trabajadora conserva la garantía de estabilidad por maternidad" y llegaron a la conclusión de que en este caso sí correspondía que se mantuviera. "La contemporaneidad entre la comunicación del estado de gravidez y la ruptura dispuesta por el empleador brinda un indicio y es el mismo empleador quien debe producir la prueba de que el despido obedeció a la falta de aptitudes del trabajo u otra causa y que no lo fue como consecuencia de un acto discriminatorio (en el caso el embarazo)", evaluaron. Por este motivo, consideraron que "el período de prueba es un instituto útil" que "debe interpretarse y aplicarse con el cuidado que requiere tener en cuenta que la carencia de tan preciado bien, como es la estabilidad en el empleo, sólo puede ser tolerada a los fines de lograr una mejor y mayor perdurabilidad del contrato de trabajo y que no puede aceptarse la sospecha de su utilización con otros fines". (Fuente: DyN)
 1) Relacionar la nota con la figura del desempleo y la incongruencia de la ley ante los despidos por maternidad... ¿Está bien que se indemnice a una mujer embarazada como marca la ley o sería mejor prohibir su despido?

miércoles, 4 de abril de 2018

El orden y el Progreso en las sociedades contemporáneas

1) Analizar el siguiente video:


2) Leer el texto "Orden y progreso" ubicado en el facebook "Intercambio escolar de Historia, política y Ciudadanía"

3) Realizar un informe de una carilla en formato word A4 que contenga un INICIO (en donde deberán presentar un pequeño resumen de lo que contarán), un DESARROLLO (en donde cuenten el resultado del análisis) y un final (en el que se exponga la conclusión crítica de lo leído), respondiendo a la pregunta: ¿Existe el orden y el progreso en la actualidad? ¿Cuál es su relación con la política?  

4) Enviar por mail a danielfavierituzio@gmail.com 

domingo, 1 de abril de 2018

"Al calor de las masas"


Video para el debate Educativo a cerca de la "psicología de las masas" con extractos de videos musicales y políticos que permiten una visión y conceptualización del término "populismo".


Don Raúl



“Estamos demostrando acabadamente la definitiva decisión de vivir en Democracia”. Así, y en un tono elevado y gestos espontáneos, Alfonsín hablaba en Pascuas de que la casa estaba en orden y era tiempo de defender al sistema que regía a nuestro Estado.
Sin embargo, la historia democrática de Raúl Alfonsín contó con ciertos momentos y movimientos que a la larga produjeron un cambio en aquellos ideales que le dieron a Alfonsín, tal como aseguran Novaro y Palermo, su carácter impensado de filósofo de la Democracia. Es que Alfonsín había dotado a su discurso de un relleno de necesidades sociales y morales que hasta ese momento ningún otro líder momentáneo había logrado encontrar.
Me es difícil olvidar como actor de ese momento, el motivo del festejo. La plaza estaba llena de gente, los autos hacían sonar las bocinas, todos teníamos la boina de la UCR (y cuando digo todos, TODOS) y Alfonsín clamaba por la necesidad de una Argentina sin triple A, sin las calumnias políticas de las internas del PJ, con la construcción de la convivencia en paz, con la unión de toda la República y con la recuperación de los ideales de Yrigoyen y Alem, De la Torre, Justo, Perón y Evita. Todos unidos ante la necesidad de que la Democracia no vuelva a caer.
Durante los años 1976 y 1983 un período de terrorismo de Estado y economía falible, dio paso a un sistema democrático que no solamente debía hacerse cargo de sus propias miserias, sino que además había heredado una economía debilitada que conllevaría a grandes problemáticas actuales.
En su discurso de asunción, el flamante presidente de la Nación dijo entre otras cosas que: “Quienes piensan que el fin justifica los medios suponen que un futuro maravilloso borrará las culpas provenientes de las claudicaciones éticas y de los crímenes. La justificación de los medios en función de los fines implica admitir la propia corrupción, pero, sobre todo, implica admitir que se puede dañar a otros seres humanos, que se puede someter al hambre a otros seres humanos, que se puede exterminar a otros seres humanos, con la ilusión de que ese precio terrible permitirá algún día vivir mejor a otras generaciones. Toda esa lógica de los pragmáticos cínicos remite siempre a un porvenir lejano”.
Se ponía de manifiesto que Alfonsín no estaba dispuesto a perdonar, no estaba con ganas de ver sufrir al otro y no pensaba en claudicar, pues entonces sería la claudicación de la Democracia.
Sin embargo, el efecto “dictadura” había sido terrible. La economía estaba vacía, la deuda era enorme y, para colmo, la política argentina volvía a ser “la política argentina”.
A pesar de todo lo vivido, existían en el plano de los capitales políticos una serie de pragmáticos que se regodeaban ante cada sobresalto. Sin dudas Alfonsín estaba cometiendo algunos errores siendo quizás el más importante el de querer solucionar todos los problemas en un mandato de seis años (algo que en líneas generales le llevaría diez).
La realización de un el juicio a las juntas, el congreso pedagógico, el plan austral, pelearse con Reagan y creer en la posibilidad de trabajar de forma uniforme con los demás partidos políticos.
Sumemos también a esto los sobre saltos constantes que proponían los carapintadas, los empresarios no colaboracionistas (que habían gozado de buena salud con la dictadura) y la falta de responsables de la situación planteada.
Durante el período democrático del Dr. Alfonsín (1983 – 1989) la sociedad argentina pasó del amor al odio y del apoyo a la desobediencia casi por inercia. Aquella plaza inundada de festejos y boinas rojas y blancas que decían UCR mutó en plazas de reclamos, insultos y desilusión.
La hiper inflación estaba destruyendo las buenas cosechas del 83´y los militares comenzaban a ejercer una presión más que humillante, consiguiendo la ley de Obediencia debida y punto final.
Ante la embestida de Carlos S. Menem que le había ganado las internas a Cafiero, sin apoyo popular ni de la política en general, Alfonsín llama a elecciones seis meses antes del final de su mandato para evitar el derramamiento de sangre y entendiendo que estaba solo. Ya se habían instaurado los saqueos a comercios por parte de aquellos que no tenían para comer.
Así las cosas, la sociedad argentina comenzó a olvidar. La convertibilidad le estaba dando la razón a Menem. Cualquier persona podía comprar un televisor en lugar de arreglar el viejo. Y mucha gente comenzó a quedarse sin trabajo. La costa atlántica fue abandonada, era más barato veranear en el caribe. Y la industria argentina no podía competir contra la industria brasilera ni los capitales de las grandes potencias. Pero no importaba el cómo, hasta que la gente comenzó a perder el trabajo, a vivir con lo poco que tenía y a desvalorizarse moralmente. Y ahí se recordó a Alfonsín.
Desde ese punto de anclaje podemos decir que la figura del líder radical comenzó a ser gradualmente recatada y admirada. Pero no fue sino hasta las nuevas generaciones de los 2000 cuando verdaderamente se impuso la idea de que en realidad a Alfonsín no lo habían vencido, sino que lo habíamos vencido todos.
Nuevamente fue escuchado. Otra vez se le permitía la curiosa posibilidad de expresarse, con esos discursos que a tantos había emocionado. Y para sumarle a la sobre valoración de su persona, Alfonsín es el único presidente desde el retorno de la Democracia que no fue acusado de corrupción.
Estas son algunas de las causas que me permiten apenas esbozar la siguiente sensación: ante la falta de un liderazgo moralmente acabado por parte de la sociedad, la figura de Alfonsín emerge escapándole al tiempo, como el ejemplo del argentino ideal. El austero, el traicionado y el olvidado. Un símil de aquellas figuras por las que nos rasgamos las vestiduras del “yo argentino” cuando hablamos de San Martín o Belgrano. No sea cosa de que siempre nos pase lo mismo.
"Los argentinos vivimos mucho tiempo discutiendo para atrás. Hoy todavía hay rastros de ese canibalismo político. Es preciso la existencia de adversarios, aunque la política no es sólo conflictos sino también construcción" dijo Alfonsín luego de que se destapara su busto en la Casa Rosada durante el mandato de Cristina Kirchner.



lunes, 26 de marzo de 2018

ACTIVIDAD DE INICIO Y CIERRE - TRABAJO Y CIUDADANÍA

1) Leer y analizar la siguiente frase:


2) Analizar la siguiente imagen:


3) Poner en contexto ambos análisis y responder:

- ¿Cómo podemos ubicar la frase y la imagen en un concepto unificado?
- ¿Qué conclusión crítica podemos realizar?

CIERRE:

Analizar la siguiente frase y construir términos en el pizarrón en base a lo charlado en clases.


sábado, 24 de marzo de 2018

Todos amamos a Rita… (O el síndrome de odiarla)



VIDEO DEBATE


"Se el tipo de adulta que los niños quieren ser". 

La primera vez que vi la serie, me costó un poco adaptarme al tono danés de sus actores. Sin embargo, con el tiempo y con el accionar de las escenas, me vi sumido en una gran contradicción. Amarla u odiarla.
El planteo es sencillo. Una docente, profesora de Historia, que más allá de sus saberes como profesional, embiste la vocación desde un lugar de inserción social y auto exigencia que la pone diariamente en una compleja situación: equilibrar de una vez por todas una sociedad desigual.
En tal sentido, Rita, la docente danesa, se vuelve un paradigma constante que busca enlazar el estudio de los contenidos con un sinfín de situaciones áulicas imposibles de medir. El respeto y la reciprocidad que los alumnos mantienen para con ella, la colocan en un lugar impensado en su adolescencia y que es el eje de esta nota. Y aquí radica el amor.
Pero, por otro lado, su inconstancia en su vida personal y su fácil acceso a la autodestrucción, la vuelven un condimento espeso mediante el cual, a veces, puede fallar.
A pesar de tener una familia y de considerarse parte de un sistema cuya rueda continúa girando (con o sin ella), Rita se entiende a sí misma como un eslabón desengranado de un estructura mucho más poderosa que ella: su propio yo. Y aquí radica el elemento más inestable de su prodigiosa carrera y, por supuesto, el odio.
Cuando me dispuse a tratar de escribir sobre Rita, me surgió la idea de hacerlo en la revisión de unas cuantiosas escenas. Sin embargo me di cuenta que no hay casi nada traducido en las redes sociales. Ni en YouTube, ni en Instagram, ni en Facebook.
Así las cosas, tomé prestadas de forma desprolija, algunas escenas de la cuarta temporada para entender definitivamente quién es Rita. Y para mi propia sorpresa no solo encontré a la adolescente rebelde que imaginaba, sino a un sinfín de conflictos internos y externos que la llevaron a encontrar en el docente menos pensado el futuro de su estabilidad y la vocación de su felicidad.
Por tal motivo encontré como resultado algo breve: no todos somos lo que esperamos de nosotros mismos. Ni sabemos que nos deparará el destino. Sin embargo, es en el individuo menos esperado y en el menos pensado, en donde encontramos la resolución de todos nuestros conflictos.
Amén de esto, los docentes somos el equilibrio entre el mundo (esa caja que se abre al finalizar el colegio) y las metas y desafíos que nos esperan a lo largo de nuestra vida. Por lo tanto, la tarea es doble. No solo se trata de educar en contenidos, sino de formar socialmente a individuos que harán de este mundo un lugar mejor.
ACLARACIÓN: la utilización de este video permite un análisis crítico sobre la función de un docente. Es imprescindible aclarar el cambio de visión desde el principio del video hacia el final, a cerca del profesor tirano y déspota. En la contraposición de visiones, el resultado es muy valioso y la opinión crítica resulta fundamental a la hora de debatirlo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Poder legislativo nacional - Inmunidades



INMUNIDADES DE LOS LEGISLADORES
Las Inmunidades tienen su origen en la Inglaterra del siglo XVII, cuando se buscaba proteger a los legisladores de los excesos de la corona, de allí pasó a la Constitución de Filadelfia y a las Constituciones francesas. Luego se adoptaron en nuestros primeros documentos patrios.
Las inmunidades son garantías de funcionamiento que se otorgan al órgano- institución y al órgano- individuo, porque tienden a resguardar al Congreso, a sus Cámaras y actúan a través de sus miembros.
Si consideramos el interés del Parlamento o Congreso como órgano, las inmunidades tienen como finalidad asegurar la independencia, la jerarquía y el funcionamiento del mismo.
Si consideramos el punto de vista del legislador, las inmunidades tienen como finalidad garantizar la libertad de expresión, la libertad ambulatoria y el derecho a no ser perseguido judicialmente.
Privilegios Parlamentarios Colectivos:
Atañen al cuerpo o cámara en conjunto como órgano institución para facilitar el ejercicio de su función.
Se incluyen:
-          El juzgamiento por cada cámara de la validez del diploma de cada uno de los miembros.
-          Competencia de cada Cámara para hacer su reglamento.
-          Poder disciplinario de cada Cámara sobre sus propios miembros: corregir desorden de conducta, remover por inhabilidad física o moral sobreviniente.
-          El derecho de cada Cámara a hacer comparecer a su sala a ministros del Ejecutivo.
Privilegios o inmunidades personales:
Se refieren a la actuación individual de cada legislador, pero no en protección a su persona, sino a la función que comparte integrándolo, para tutelar su libertad, su decoro y su independencia.
Inmunidad de Expresión:
Ningún legislador puede ser acusado, interrogado judicialmente ni molestado por las opiniones o discursos que emita desempeñando su mandato (art.68)
Siendo el Congreso un órgano deliberativo debe respetarse en él la libertad de expresión. Está protegida toda expresión que realiza el legislador en conexidad con el desempeño de su cargo. En ningún caso se deben imponer sanciones, ni aun cuando haya dejado el cargo.
Las opiniones calumniosas o injuriosas vertidas desde la banca no constituyen un delito, pero sí, pueden considerarse un desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones y son susceptibles de originar sanciones por parte del cuerpo legislativo.
Inmunidad contra el arresto
Ningún legislador desde el día de su elección hasta el de su cese puede ser arrestado, salvo el caso de ser sorprendido in fraganti en la ejecución de un crimen que merezca la máxima condena.
Flagrancia: hay flagrancia cuando el autor del hecho es sorprendido en el momento de cometerlo o inmediatamente después,  o mientras es perseguido por la fuerza pública, o mientras tiene objetos o presenta rastros que hagan presumir vehementemente que acaba de participar de un delito.
Limitaciones respecto del proceso penal – Desafuero.
Cuando se forme querella por escrito ante la justicia ordinaria examinando el mérito del sumario en juicio público, podrá cada cámara con 2/3 de votos suspender en sus funciones al acusado o ponerlo a disposición del juez competente para su juzgamiento.
Los jueces pueden pedir el desafuero sólo cuando la etapa del juicio criminal esté tan avanzada que no pueda proseguir sin la comparecencia del legislador acusado.
La inmunidad parlamentaria no impide instruir sumario criminal para investigar la conducta de los legisladores en tanto no se afecte la libertad personal de los mismos por orden de arresto.
Si por un delito anterior a la elección, el legislador, recién es sometido a proceso penal después, debe aplicarse la inmunidad de arresto y el mecanismo de desafuero.
Si al tiempo de la elección de un legislador ya está en curso un proceso penal por un presunto delito cometido antes, la cámara no debería incorporarlo porque ella, como juez de la elección habría de estimar que no reúne la condición de idoneidad.

Privilegios Parlamentarios Colectivos:
Atañen al cuerpo o cámara en conjunto como órgano institución para facilitar el ejercicio de su función.
Se incluyen:
-          El juzgamiento por cada cámara de la validez del diploma de cada uno de los miembros.
-          Competencia de cada Cámara para hacer su reglamento.
-          Poder disciplinario de cada Cámara sobre sus propios miembros: corregir desorden de conducta, remover por inhabilidad física o moral sobreviniente.
-          El derecho de cada Cámara a hacer comparecer a su sala a ministros del Ejecutivo.

El juzgamiento por cada cámara de la validez del diploma de cada uno de los miembros.
Cada cámara es juez de la validez del diploma de sus miembros. No significa que las cámaras juzguen aspectos contenciosos del proceso electoral, esto es competencia de la justicia electoral.
Las cámaras pueden juzgar si el electo reúne el requisito de idoneidad para ser diputado o senador.
El art. 66 otorga a las cámaras el poder disciplinario para remover a sus miembros por inhabilidad física o moral sobreviniente a  su incorporación, surge de la norma que si existe similar inhabilidad es anterior a la incorporación, el legislador electo no debería ser incorporado.
Corregir o remover a sus miembros.
Art 66: Con 2/3 de los votos cada cámara puede corregir a cualquiera de sus miembros por desorden de conducta o removerlo por inhabilidad física o moral sobreviniente.
El derecho de cada Cámara a hacer comparecer a su sala a ministros del Ejecutivo, para recibir explicaciones o informes que estime convenientes.
A este llamado se lo denomina comúnmente: interpelación.
La Interpelación a los ministros posee una finalidad informativa, que debe ser conducente para algo que le sea útil al Congreso a efectos de ejercer la competencia o su función de control.
El origen de la Interpelación es parlamentario y alude a que el parlamento pueda destituir al miembro del poder ejecutivo. Este no es el caso de nuestros ministros ya que el congreso no los puede destituir, pero sí es el caso del Jefe de Gabinete, quien sí, puede ser destituido por el Congreso.


¿Cuál es tu opinión sobre la inmunidad de los legisladores? 

Los derechos humanos y los desaparecidos.




1) ¿Cómo definirías los derechos humanos como herramienta de defensa ante procesos dictatoriales?
2) Qué te parece lo dicho por Videla en el primer video sobre el concepto "desaparecido"? 
3) ¿Qué pensás de su defensa en el segundo video?  

lunes, 21 de agosto de 2017

Trabajo práctico Primer año

TRABAJO PRÁCTICO
LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS



FECHA DE ENTREGA: 29-08 

Pautas del trabajo: El trabajo debe ser realizado en grupos de dos. La entrega se hará en computadora, utilizando la tipografía ARIAL 12 y con el sistema PREGUNTA – RESPUESTA. 

1) Realizar una ficha técnica de la película.
2) Analizar e interpretar, buscando su significado en Internet y comparándolo con la película, del término CARPE DIEM.
3) Observar la línea de tiempo realizada en clases y responder ¿Qué tipo de Escuela nos muestra la película?
4) ¿Creen que la Escuela que nos muestra la película puede promover ideales creativos? ¿Por qué?
5) Escribir el argumento de la obra de teatro interpretada en la película.
6) Realizar una síntesis crítica de la película y de las actuaciones de la misma.

jueves, 17 de agosto de 2017

Fin de trabajo - La revista de Primer año

Realizar individualmente el siguiente trabajo:

1) Leer la revista.

2) Consultar a sus compañeros sobre las opiniones de las familias sobre el contenido de la revista.

3) Elaborar un texto en el que se cuente la experiencia de dichas familias y las propias.

domingo, 25 de junio de 2017

Re fundamentación del populismo y desestructuración de las subjetivaciones implícitas.




Resumen
La multiplicidad de definiciones a cerca del concepto “populismo”, permite una amplitud y diversificación del término, a fin de que éste sea utilizado desde una mirada específica en acuerdo a los intereses político - económicos del momento.
Este trabajo se dispone a reflexionar, criticar y re fundamentar el término “populismo” desde una visión histórica y objetiva, con el fin de proponer una reformulación del término, siendo la misma despojada de interés político alguno.
En consecuencia, se analizarán distintas figuras históricas y su relación con los actores sociales de cada período examinado, a fin de que su resultado contribuya al intercambio crítico dentro del espacio áulico.   

Introducción
En su evolución histórica, el concepto de populismo ha sido desintegrado, reconstruido y vuelto a desintegrar. Desde este punto de vista, muchos olvidan que la definición del término arroja como resultado (según la Real academia española) “Tendencia política que pretende prestar atención especial a los problemas de las clases populares” [1].
Haciendo caso omiso de dicho resultado, los actores políticos, los medios hegemónicos e incluso la opinión pública en general (subjetivada por lo anterior) piensan que el populismo es “una amenaza de sectores políticos y clientelares que pretenden perpetuarse en el poder, legitimando a este por medio de ciertos mecanismos de cooptación y clientelismo político”.
Desde esa visión deformada y carente de estudios científicos y sociales, el debate fue instalado en la sociedad desde dos lugares asimétricos: la derecha y lo popular. Los primeros pretenden la instalación del término “populismo” como un arma antitética de la estabilidad económica supuestamente tendiente a un falso progreso. Mientras que los segundos se valen de esa valoración, a fin de proponer un enfrentamiento cualitativo, defendiendo una plataforma política en cuestión pero a su vez tomando el término como una fórmula perfecta de victimización.  
Mediante esta investigación, trataremos de reencontrar la esencia del término, analizando tres casos representativos: Hitler, Perón y Reagan. 
Una vez esbozado el cuerpo de este trabajo, daremos cuenta de la situación, entendiendo de qué forma unos y otros han dado uso al populismo.
Estado de la cuestión
Para abordar el concepto de populismo desde un lugar objetivo, me propuse reformular el término mediante un cruce bibliográfico específico: la utilización del diccionario de la Real academia española, los discursos emblemáticos de líderes que produjeron un cambio de paradigma dentro de las sociedades y la mirada científica de Ernesto Laclau en su libro “La razón populista”.
Así, y siendo este un criterio variable, tomé el discurso de Adolph Hitler del “Llamamiento del gobierno del Reich al pueblo alemán” pronunciado el 1 de febrero de 1933. En el mismo, Hitler utiliza su verborragia apuntando directamente a la desolación y decadencia que el pueblo alemán sufriera tras el tratado de Versalles.
En segundo lugar, analizo el discurso de Juan Domingo Perón en la Plaza de mayo, el 17 de octubre de 1945, mediante el cual, a través de un paternalismo inconfundible hacia el pueblo, Perón se enmarcaba bajo la bandera de la patria trabajadora.
Y por último, Ronald Reagan y su discurso de investidura, mediante el cual emerge su figura en torno a promesas nacionalistas construidas sobre la base de las necesidades características de Norteamérica.
Si bien estos discursos funcionaron como la plataforma del trabajo, son meras variables para la conclusión final en donde pretendo exponer una aproximación al “populismo” en términos mucho más amplios.

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Habitualmente cuando uno desconoce una palabra, toma la iniciativa de buscar en el diccionario. Pero lo cierto es que hoy en día, la maquinaria tecnológica, ahorra pasos mediante su sistema de búsqueda: ya es casi natural que todo aquello “por explorar” encuentre su anclaje en el mundo de lo abstracto y lo virtual.
Antropológicamente, el hombre ha demostrado una capacidad intrínseca de adaptación a nuevos fenómenos naturales y culturales, por ende la tecnología aparece en el horizonte como el conglomerado de esos cambios.
De esta manera, la globalización más efectiva se encuentra detrás de una pantalla repleta de ceros y unos que hacen que un diccionario ya no sea tan necesario.
Pero en ese sentido, esta apertura hacia mares tan lejanos nos permite bucear por universos desconocidos, a la vez que heterogéneos, mediante los cuales la deformación de lenguas específicas, de culturas o incluso la desinformación desmedida, tergiversan cualquier acepción.
Así, no solo se ponen en duda las más fervientes creencias, sino que además se profundiza (aún más) la crisis discursiva, cerrándose ésta a simplismos de la misma Wikipedia.
Por tal motivo, (a sabiendas de que los medios hegemónicos de comunicación dominan también esos mares) debemos realizar debidamente nuestras búsquedas y formulaciones académicas.
Y ante el debate de ¿Qué es el populismo? Propongo partir desde su concepción misma: Según el diccionario de la Real academia española, “el populismo es popularismo: una tendencia o afición a lo popular en formas de vida, artes, etc. Y por caso: una tendencia política que pretende contraerse a las clases populares, utilizado en un sentido despectivo”.
De esta forma, el término populismo queda centrado sobre una figura particular, más bien representando a clases bajas, mientras que su utilización indiferente lo enmarca detrás de una tipificación sobre la ignorancia del sentido común de los individuos en sociedad. A saber:
Los líderes más representativos de momentos históricos en particular, han sabido conllevar el contexto mundial a paraísos utópicos casi irrealizables. Desde contextos internacionales, sociales y políticos, hasta terrenos de triunfos y derrotas impensados.
En su discurso “Llamamiento del gobierno del Reich al pueblo alemán” de 1933, Adolph Hitler pronuncia a modo de introducción lo que probablemente englobe el conjunto de pensamientos populistas del líder alemán, para cautivar, motivar y enamorar a una Nación entera: “Más de catorce años han transcurrido desde el infortunado día en que el pueblo
alemán, deslumbrado por promesas que le llegaban del interior y del exterior, lo perdió
todo al dejar caer en el olvido los más excelsos bienes de nuestro pasado: la unidad, el
honor y la libertad. Desde aquel día en que la traición se impuso, el Todopoderoso ha
mantenido apartada de nuestro pueblo su bendición. La discordia y el odio hicieron su
entrada. Millones y millones de alemanes pertenecientes a todas las clases sociales,
hombres y mujeres, lo mejor de nuestro pueblo, ven con desolación profunda cómo la
unidad de la nación se debilita y se disuelve en el tumulto de las opiniones políticas
egoístas, de los intereses económicos y de los conflictos doctrinarios”. (Gómez, 2014)
Hitler ponía el acento en la pobre economía alemana y en la desidia de un pueblo que había quedado a la deriva en base a promesas nacionales e internacionales que los aislaba de futuros progresos mundiales.
En su vehemencia, no olvida legitimar su discurso utilizando el nombre de Dios y haciendo referencia a todas las clases sociales a las que llamaba a unificarse en favor de su pensamiento político.
A esto agrega: “La idea ilusoria de vencedores y vencidos destruye la confianza de nación a nación y, con ello, la economía del mundo. Nuestro pueblo se halla sumido en la más espantosa miseria. A los millones de desempleados y hambrientos del proletariado industrial, sigue la ruina de toda la clase media y de los pequeños industriales y comerciantes. Si esta decadencia llega a apoderarse también por completo de la clase campesina, la magnitud de la catástrofe será incalculable. No se tratará entonces únicamente de la ruina de un Estado, sino de la pérdida de un conjunto de los más altos bienes de la cultura y la civilización, acumulados en el curso de dos milenios”. (Gómez, 2014)
Así, se hace cargo de llenar un vacío dentro de la sociedad alemana: no solo el de un líder, sino el de un líder carismático con supuestas orientaciones socialistas, globales y a la vez fundamentalmente nacionalistas.
En este mismo discurso, el führer pide un plazo de cuatro años para regenerar la economía alemana y promover una nueva Alemania.
Con el correr de los discursos y con las apremiantes necesidades, Hitler fue construyendo un camino de liderazgo basado en el nacional socialismo. Pero no se trata de cualquier tipo de liderazgo, sino de uno mucho más profundo, ubicado entre pilares capaces de generar un cambio de paradigma dentro de la moralidad alemana. Éste puede ser dividido de la misma forma que él lo hiciera: en primer lugar, la Educación como vertiente hacia una Alemania nacional socialista. En segundo lugar, con la exclusividad de toda política que funcione en favor de la capacitación y mejoramiento de las fuerzas armadas. Y por último la inclusión económica de regiones marginales.
Hitler no había hecho más que construir con antelación un discurso efervescente y motivador, mediante el cual nada ni nadie podía quedar al margen ya sea coercitivamente o por medio de cohesión.
Cuatro años fueron los que le llevó al canciller alemán construir las bases materiales de su discurso de 1938, plagado de estadísticas de crecimiento en base a su proyecto nacionalista.
De tal forma, no es nada extraño que Adolph Hitler se afirmara ante una multitud alemana, enardecida y reconsiderada puertas adentro, para iniciar la ocupación de Polonia y cambiar la historia internacional.
El pueblo alemán ya había sido cautivado, educado y reformado de acuerdo a las bases de pensamientos nacional socialistas del líder alemán.
Ante un contexto internacional sumamente distinto, pero con una oralidad que funcionaba, al igual que con Hitler, como el centro de la escena apoyada en un discurso clasista, Juan Domingo Perón masifica su condición de líder, pero desde un lugar mucho más interesante: en este caso el acento se pone de forma directa en la clase trabajadora argentina, expandiéndose a una parte de la clase media ampliamente representada y que idealizaba con el líder justicialista, quien rompería con el paradigma social en la argentina.
El famoso diecisiete de octubre de 1945, Perón proclama: “Dejo el honroso uniforme que me entregó la patria, para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la patria. Por eso doy mi abrazo final a esa institución que es un puntal de la patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esta masa, grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria”. (TELAM, 2005)
Perón no hacía caso omiso de que su condición de líder era sustentada por la gran masa trabajadora, ni que la probabilidad de un discurso alejado de dicha representación podía alejarlo de sus objetivos.
En tal caso, Perón no alejaba de su expresión al común del pueblo y se ponía como uno de los ejes patriotas en favor de un proceso mucho mayor: el cambio de una sociedad entera.
El simbolismo de abandonar, pero a la vez revindicar, al ejército, lo ubicaban como una figura con amplias capacidades para reunir bajo su esfera a los ámbitos más chocantes y disonantes de la historia. Así, pueblo, política y militarismo, respondían otorgándole a Perón el papel preponderante por el cual había pujado con rapidez y convicción.
En el mismo discurso, Perón hablaba de las masas sudorosas, indudablemente volcadas a la proximidad de una nueva era en sus vidas y a oportunidades que de alguna forma u otra siempre les habían sido negadas. Además agregaría “Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa patria, en la unidad de todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en movimiento cada uno de los tristes o descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan el mismo aspecto de masa hermosa y patriota que son ustedes”. (TELAM, 2005)
En tal medida, la construcción peronista de la Nación no escatimó en Educación para sus trabajadores, ni en la reformulación de los pilares básicos de la nacionalidad. Tampoco dejó al margen a las mujeres de la patria ni a las peleas dialécticamente violentas en contra de los medios hegemónicos, la Iglesia y los opositores.
Dentro de la oligarquía y el “gorilaje”, todo aquel tipificado dentro de alguno de esos rangos, pasaría a ser un enemigo de la patria: por cierto, esta ya era la gran masa trabajadora.
Por último, en su discurso de apoyo a George Bush, Ronald Reagan esboza de alguna manera el pensamiento que lo catapultó a la cima de los Estados Unidos.
“A ustedes y a mí nos han dicho que debemos escoger entre izquierda y derecha, pero yo les sugiero que no existe izquierda ni derecha. Sólo existe arriba y abajo. Arriba está el sueño antiguo del hombre de la máxima libertad individual posible manteniendo el orden, y abajo el hormiguero del totalitarismo. Sin poner en duda su sinceridad, sus motivos humanitarios, aquellos que sacrificarían la libertad por la seguridad se han embarcado en ese camino descendente. Plutarco advirtió que «el verdadero destructor de las libertades del pueblo es aquel que reparte botines, donaciones y regalos»”. (LA PRENSA, 2016).
En este breve párrafo de un discurso tan importante, Ronald Reagan dirige su atención claramente a una porción del pueblo y no a un electorado general. La cuestión es clara. Al hablar de Plutarco, dedica su atención a las élites capitalistas y al medio de la gente que son todos aquellos que concurren con un interés específico de voto. De ninguna manera el conservadurismo considera importante a la masa social trabajadora de los Estados Unidos como un electorado a medir. Por tal caso, el líder norteamericano utiliza los mecanismos que lo depositaron en el poder: las promesas de una Nación segura e independiente, con una economía capitalista y solvente y con ideas de progreso de ciertos niveles de la sociedad americana.
Hablar de los padres fundadores en reiteradas oportunidades no es sino la medida justa para esa clase que fundamentó sus posicionamientos nacionalistas sustentados en guerras y colonialismos a través de los tiempos.
“Necesitamos reformas impositivas que al menos marquen el comienzo de la restauración, para nuestros hijos, del Sueño Americano de que la riqueza no se niega a nadie, que cada individuo tiene el derecho a volar tan alto como su fuerza y habilidad le lleven. Pero no podremos tener tales reformas mientras nuestra política fiscal sea diseñada por gente que ve los impuestos como medios con los que lograr cambios en nuestra estructura social”. (LA PRENSA, 2016)
Esta es quizás la estructura que produjo en la sociedad americana el sostenimiento de un actor de segunda línea como líder de una de las máximas potencias: la reforma tributaria que benefició a ciertos sectores de la sociedad.
Así, el ex presidente norteamericano se volvía popularmente correcto, generando adhesiones construidas en torno a discursos de los cuales todo aquello que se prometía, era incumplido pero que, a través de los tiempos, lo enmarcó en un populismo acérrimo y de derecha mediante la búsqueda de nacionalismos, simbolismos pero también con obviedad de la rebaja de los impuestos.   
Resalto una gran similitud de tres figuras diferentes: los tres fueron gobiernos populistas. Tres figuras con un marcado antagonismo pero que tienen un punto clave en sus discursos: la construcción de medidas exactas que posibilitan el acceso a la gran masa popular como garantía de un poder que va más allá de un liderazgo político: el sustentamiento de un carisma discursivo y eficaz.
Para esto citaremos a Ernesto Laclau en su libro “La razón populista”, que sostiene: “El populismo, como categoría de análisis político, nos enfrenta a problemas muy específicos. Por un lado, es una noción recurrente, que no solo es de uso generalizado, ya que forma parte de la descripción de una amplia variedad de movimientos políticos, sino que también intenta capturar algo central acerca de estos. A mitad de camino entre lo descriptivo y lo normativo, el concepto de “populismo” intenta comprender algo crucialmente significativo sobre las realidades políticas e ideológicas a las cuales refiere”. [2]
Lo que hace Laclau es enmarcar de manera teórica y científica, el término populismo, tomándolo desde una dialéctica entre las movilidades políticas que respondan a ciertas necesidades respecto de un contexto social específico.
De esta manera, el populismo no distingue de derechas y de izquierdas, (se vuelve vago, afirma el autor) y sin embargo responde a esas movilidades que harán del líder elegido para ese momento dialéctico, la persona indicada para abrazar a las masas de su alrededor.
Para tales efectos, el líder deberá responder a ciertos parámetros que le permitan erigirse por sobre lo ideológico: parámetros que le permitan promover su nombre por encima de la Historia. A tales casos responden Hitler y Perón.
Entre algunas de las cualidades a las que debe de responder el líder, son: la construcción de un discurso teatral y lo suficientemente inclusivo, la ocupación de los significantes vacíos que permitan el ascenso del líder y su progresiva hegemonía formal y la retórica mediante la cual el líder opera sobre sus adeptos y detractores. Agregaremos a esto, el carisma del líder para englobar todas las anteriores propuestas pero, por sobre todo, para captar la atención de las masas.
En ese contexto, el funcionamiento de la popularidad (promovida por la adecuada masificación publicitaria) ampliará y enaltecerá desmedidamente su figura, a punto tal de que la psicología de las masas generará una serie de adhesiones populares, no solo de las clases más necesitadas, sino también de aquellas que no lo son.
La ecuación es interesante y a la vez científicamente perfecta. Los factores cualitativos, sumados a un aparato publicitario funcional y un carisma innato, entregan por resultado un líder populista, tanto de derecha como de izquierda. A tales efectos, no se puede reducir al populismo ni al pensamiento de las masas, a un contexto irracional. Al respecto, Laclau observa: “No hay nada de malo, por supuesto, en condenar el holocausto. Lo que es incorrecto es que esa condenación reemplace a la explicación, que es lo que ocurre cuando ciertos fenómenos son percibidos como aberraciones carentes de toda causa racional comprensible”. [3]

Conclusión
De esta manera, hablar de populismo se vuelve un desafío: no se trata de concepciones modernas facilistas, sino de construcciones dialécticas y complejas que no responden a parámetros específicos, sino que cambian a través de los tiempos.
Para esto, el liderazgo ofrece su frío cálculo basado en las estadísticas y acompañado por objetivos concretos que le permitan al líder transformarse en el resumen de todas aquellas respuestas a los males de la sociedad.
En el caso de Hitler, la reconstrucción nacionalista de una Alemania devastada lo catapultó a la cima de la política mundial. Perón, sustentado por la clase obrera y la figura de Eva Duarte, teatralizaron y hegemonizaron la escena argentina, con ideologías y procesos diversos y profundos, al tiempo que Reagan y su conservadurismo basado en la dominación de sociedades externas, promovieron su figura ante los nacionalistas y por encima de su ineptitud.
Así, el populismo no puede ser enmarcado ni tipificado en una izquierda o en una derecha. No puede ser tildado de peronista ni de radical. El populismo debe referir a lo que realmente es: el ascenso de grandes liderazgos que guarden en su seno un orden y una virtual entrega al cumplimiento de las necesidades sociales de un pueblo demandante.
Ni unos ni otros, (los distintos actores sociales de la actualidad) han logrado comprender y utilizar el “populismo” como lo que realmente es para la Historia. Un instrumento que bien utilizado habría de generar grandes cambios paradigmáticos dentro de la sociedad actual. No solo por una figura en particular, sino por el conjunto de la sociedad que otorga al líder una capacidad peligrosa y desafiante: en este caso el poder de una Nación, el poder de cambiar lo implícito y el poder de reordenar las piezas del escenario mundial.
El populismo, así como lo hiciera Perón, Somoza o Chavez, no es un desmerecimiento. Es un pragmatismo que se adecúa a ciertas falencias. Desde mi punto de vista, considero que el populismo es darle al pueblo lo que necesita. Y si en ese contexto actúa como un bien para la sociedad, bienvenido sea, sobre todo, a Latinoamérica.




[1] Real academia española.
[2] LACLAU, ERNESTO. “La razón populista”. EFE. (17, 2004)
[3] LACLAU, ERNESTO. “La razón populista”. EFE. (310, 2004)


lunes, 15 de mayo de 2017

La familia como sociedad

15/05/2017 OPINIÓN

Mirar la sociedad en clave de familia

El 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia, instituído por la ONU en 1993 con la finalidad de enfatizar la importancia de la familia como núcleo central de la sociedad, y promover una mayor preocupación de los gobiernos naciones para abordar este tema con políticas y programas sociales apropiados. Al respecto opinó para Télam Mariángeles Castro Sánchez, Profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

Por Mariángeles Castro Sánchez


En un mundo de lógica individualista donde el afuera es hostil, la familia adquiere creciente protagonismo e influencia. Esto nos lleva a repensar la sociedad, asumiendo al núcleo de pertenencia primario como lo que efectivamente es: una matriz básica de la vida personal y comunitaria.

Proyectar en este sentido supone que las políticas públicas la promuevan fuertemente a la familia, tanto en la provisión de los apoyos necesarios para su consolidación como sistema y el poder de sus miembros potencialmente vulnerables, como en la formación de cada integrante en las competencias necesarias para el ejercicio de sus funciones. Pero engloba también otro aspecto fundamental: la totalidad de las políticas debe estar formada por esta visión, que exige mirar la sociedad en clave de familia.

Las acciones previstas deben estar atravesadas por este enfoque, que no sólo pone en el centro de la escena la dimensión relacional y los vínculos que se establecen en el ámbito familiar, sino que contempla a las familias como elemento esencial y factor de posibilidad de un desarrollo humano sostenible.

Es claro que las familias son insustituibles para la sostenibilidad de cada persona y, por ende, de las sociedades. Como agentes activos, con particular injerencia sobre dos funciones capitales del desarrollo social, la educación y los cuidados, las familias entrenan en la comprensión de la racionalidad comunitaria y preparan para una apertura eficaz a otros grupos humanos. Como mediadora hacia un despliegue social más amplio, la trayectoria educativa emprendida en el ámbito familiar, desde el momento mismo del nacimiento, es idealmente acompañada por los afectos fundacionales y los valores que éstos encarnan. También la capacidad de cuidado debe desarrollarse en el entorno primario y desde allí expandirse: la importancia de protegernos y asistirnos unos a otros podrá extenderse así a todos los ámbitos de la sociedad.

En este orden de ideas, avanzar hacia un paradigma de cuidados contribuye al desarrollo sostenible: es preciso que niños y jóvenes cuenten con un medio propicio para su plena realización, con equidad e igualdad de oportunidades, como correlato de una mayor cohesión familiar y comunitaria. Al tiempo que las familias deben reapropiarse del papel central que ocupan en el ecosistema social, a través de un quehacer participativo, constituyendo redes y abriendo también su espacio interno a una mayor colaboración entre sus miembros. Todo ello con vistas a instalar un modelo de cuidados recíprocos que, connatural a nuestra vocación dialógica y convivencial, nos mueva a comprometernos y responsabilizarnos mutuamente.

La dimensión relacional es constitutiva del ser humano, tiene su raíz en el mismo hecho de su generación en y por otros. Los lazos interpersonales, como en un ceñido entramado, lo contienen y definen su identidad más radical: la persona coexiste, es con otros. Como sujeto familiar, viene a la vida contextualizada, inserta en el seno vincular que la recibe.

Por tanto, tener a las familias como piezas clave en la agenda del desarrollo sostenible, abordando las iniciativas sociales y políticas desde una perspectiva de familia, no es más que reconocer su condición de fuente de sentido existencial y urdimbre de las relaciones más necesarias, profundas y permanentes. De ésas que nos permiten, de manera positiva y armónica, crear, recrear y plasmar un proyecto de vida.

(*) Profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

Responder:

- Repartir las tareas del grupo.
- Anotar las palabras desconocidad y buscarlas en internet.

1) ¿Por qué debemos mirar a la sociedad en "clave de familia"?
2) Según el artículo... ¿Quienes deben garantizar el progreso de las familias?
3) ¿Cómo se logra la armonía familiar, tanto entre sus miembros como también hacia la sociedad?
4) Elegir una palabra que represente FAMILIA y SOCIEDAD.